Corazón enfermo y antiinflamatorios: Una historia de desamor
El uso de antiinflamatorios no esteroides, ha sido, desde hace mucho tiempo, una pieza fundamental en el manejo del dolor asociado a artrosis y otras condiciones clínicas, de ahí que se hayan convertido en uno de los grupos de mayor manejo en la práctica clínica.
Sólo desde los últimos años, se ha venido cuestionando la idoneidad de su uso en situaciones concurrentes de cardiopatía isquémica o alto riesgo cardiovascular (particularmente con la presencia de hipertensión), al suponérseles un mayor riesgo de desarrollo de eventos cardiovasculares, en tales supuestos.
El debate acerca de su uso en tales condiciones de enfermedad, se ha visto reforzado y con un poco más de luz, a raíz de los últimos datos publicados en el año actual y que implica tanto a los inhibidores selectivos de la ciclo-oxigenasa-2 (COX-2), como a los no selectivos (o clásicos).
Por una parte una análisis post-hoc del estudio INVEST (en pacientes con cardiopatía isquémica e hipertensión), con un seguimiento medio de 2.7 años y en el que se compara el consumo de forma crónica de este grupo de fármacos, frente a los consumidores esporádicos o no consumidores, apunta un aumento del 47% en la aparición de eventos cardiovasculares (muerte, infarto no mortal, ictus no mortal) (HR: 1.47; IC 95%: 1.19-1.82). Aún cuando no se han evaluado más que los fármacos consumidos (no todos los antiinflamatorios), los autores entienden que se trataría de un efecto de grupo, tanto para los inhibidores selectivos de la COX-2, como para los inhibidores no selectivos de dicha enzima.
El otro estudio relevante, es un meta-análisis llevado a cabo con diversos estudios (con un seguimiento de 115.000 pacientes-año), implicando una amplia gama de fármacos antiinflamatorios de ambos grupos (inhibidores selectivos y no selectivos de COX-2), y cuya variable de resultado principal era la aparición de infarto de miocardio.
En la práctica totalidad de los estudios, y para cada una de las moléculas consideradas, el incremento de riesgo de desarrollar un infarto de miocardio, comparado con placebo, fue mayor del 30%, con un aparente mejor perfil de seguridad para el naproxeno.
Tal y como los autores indican, en uno y otro caso, hay una gran variabilidad en las comparaciones con placebo y el riesgo relativo varía en función del evento a considerar como variable de resultado, concluyendo que la prueba definitiva del aumento de riesgo con el consumo de estos fármacos, sería la realización de un gran ensayo clínico. En ninguno de los casos se ha relacionado dicho efecto perjudicial con la variación que tales fármacos puedan suponer en las cifras de presión arterial.
Por el momento, y salvo aparición de nuevos datos acerca de la seguridad de los antiinflamatorios no esteroides (y aún cuando no se han estudiado todas las moléculas), lo más indicado en los supuestos comentados (particularmente en el caso de cardiopatía isquémica con hipertensión) parece razonable optar por otras formas alternativas de manejo del dolor.
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Isidro López Rodríguez. Corazón enfermo y antiinflamatorios: Una historia de desamor
cardioprimaria.com. [Noticias]; 2011-11-07 16:11:18
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el 24 Mayo 2013 [Bibtex] [Refworks] [Reference Manager]





